Mundo | 21 ene 2026
La fuerte acusación de la abogada argentina retenida en Brasil tras el escándalo por gestos racistas
Agostina Páez volvió a quedar en el centro de la escena al relatar una situación límite vivida en el lugar donde se hospedaba
“Papi, me quieren matar aquí”. Esa frase, dicha en una comunicación desesperada con su padre, pertenece a Agostina Páez, la abogada santiagueña que quedó imputada en Río de Janeiro luego de que cámaras de seguridad de un boliche de la zona sur registraran el momento en el que realizó gestos y sonidos asociados a un mono.
En Brasil, ese tipo de conductas están tipificadas como racismo y contemplan penas que van de dos a cinco años de prisión. En ese marco, la Justicia brasileña dispuso como medida cautelar que la joven de 29 años lleve una tobillera electrónica para evitar que abandone el territorio.
“No se sabe quiénes fueron. Policías, periodistas, no sé. Como sea, los responsables del edificio le pidieron a Agostina retirarse. Así, lo hizo y ahora alquilará otro piso. La pobre está aterrada. ‘Papi, me quieren matar aquí’, me dijo recién”, relató Mariano Páez, padre de la letrada, en declaraciones al portal El Liberal, al dar cuenta del estado emocional en el que se encuentra su hija tras el hecho.
Días atrás, Páez también había brindado su testimonio sobre el episodio ocurrido el 14 de enero, que dio origen a la causa judicial. De acuerdo con su versión, todo comenzó durante una salida nocturna a un boliche al que asistió junto a un grupo de amigas.
Siempre según su relato, el conflicto se desencadenó cuando intentaban retirarse del local y personal del establecimiento les exigió el pago de consumos que, aseguró, ya habían sido abonados. “Pagamos la entrada y todo lo que consumimos. Cuando estábamos por salir, nos retienen y nos dicen que con la pulsera había cosas que no habíamos pagado. Nosotras habíamos pagado todo en el momento. Tengo los comprobantes, con los horarios y todo”, sostuvo ante El Liberal.
La discusión fue subiendo de tono cuando comenzaron a cuestionar lo que consideraban un cobro injustificado. “Empezamos a decirles que nos estaban robando, que eran unos ladrones. Ellos se nos reían en la cara. Pagamos de todos modos”, agregó. La secuencia, según explicó, no terminó allí. Ya fuera del boliche, Páez afirmó que empleados del lugar las siguieron mientras bajaban por las escaleras y realizaron gestos obscenos. “Se agarraban los genitales, nos señalaban y se reían”, describió.
En ese contexto, admitió haber reaccionado de forma inapropiada. “Ahí es cuando yo hago ese gesto. No los llegaba a ver bien. Los gestos eran más para mis amigas”, concluyó, en referencia a las imágenes que luego se viralizaron y que hoy la mantienen imputada y bajo estrictas medidas judiciales en Brasil.
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