La caída estrepitosa de la natalidad en Argentina refleja una crisis estructural que los discursos pro-familia no logran revertir. Mientras el Gobierno apela a valores tradicionales, la reciente Reforma Laboral omitió actualizar las licencias parentales, dejando a los trabajadores sin el respaldo necesario para enfrentar los desafíos de la crianza.
El costo económico actual vuelve prohibitivo el proyecto de maternar o paternar para amplios sectores de la sociedad. Sin políticas públicas que integren la estabilidad laboral con la protección social, el invierno demográfico seguirá profundizándose, consolidando una tendencia donde los hogares sin niños son la nueva norma estadística del país.