Francisco José Trieftrunk lo tiene claro: el día que sienta que la persona a rescatar por él corra riesgo en el agua, dejará la profesión. Mientras tanto, continuará con su labor como guardavidas, como lo hace desde 1983.
“Sigo, fundamentalmente, porque creo que estoy en condiciones de hacer el trabajo”, afirmó este guardavidas que ha compartido tareas con colegas de varias generaciones y que hoy, a los 67 años, desarrolla su labor junto a otros pares mucho más jóvenes que él, manteniendo un estado físico impecable.
“Continúo haciendo esto porque me gusta, fue mi vocación desde chico y lo pude plasmar recién casi a los 25 años, tras haber hecho el curso y recibirme. Fue la satisfacción más grande de mi vida: poder ser lo que me gusta”, añadió .
Fue durante la gestión de José “Pepe” Aloisi como secretario de Turismo de la gestión de Domingo José Taraborelli en que pasó de trabajar como inspector municipal a la planta de guardavidas.
Luego de trabajar poco tiempo en lo que era el balneario “Gaviotas” (hoy Tarsis), pasó a hacerlo en las playas de Quequén. “Estuve 32 años allí, al principio con alguien que fue como un padre para todos los guardavidas, que fue José María Herrero”, comentó sin poder evitar la emoción.
También trabajó allí junto a Jorge Moreno, su “gran amigo de la vida, del fútbol, de la playa”, como lo definió. Compartieron un tiempo también en Brasil, hasta que Huracán de Tres Arroyos convocó a su amigo para jugar en ese equipo.
En 2015 decidió jubilarse, en una decisión que ahora considera apresurada, porque comprendió que la actividad aún le atraía. Pero en ese momento sintió que “a la playa de Quequén le faltaba algo”, con las ausencias de quienes fueran su jefe (Herrero) y su gran amigo (Moreno).
No obstante, cuando lo convocaron para trabajar en un balneario como guardavidas privado, no lo dudó. La propuesta era por un año, pero lleva nueve temporadas en el mismo lugar, haciendo lo que más le gusta.
No es casual que Trieftrunk se mantenga atlético; siempre practicó deportes. Participó en pruebas de natación y de triatlón, además de jugar al futbol como arquero. Esto último lo hizo hasta los 64 años en certámenes comerciales disputados en el complejo de canchas de Poulsen. Una lesión en el hombro lo obligó a dejar.
Pasó a entrenar chicos para el arco, incluyendo a su propio hijo. “Sigo activo con eso, pero fundamentalmente nado y ando mucho en bicicleta. Una de mis pasiones, también, es hacer cicloturismo. Muchas veces salgo con Fabián Oholeguy, que es otro compañero guardavidas. Viajamos por la Argentina en bicicleta.
Como arquero de fútbol se inició en Isabel La Católica: Luego jugó en Villa del Parque, Palerrmo y Rivadavia, en Necochea. También lo hizo en Sudamérica,de Miramar, y en Grupo Universitario, de Tandil (llevado por Abel Coria). Retornó en 1995 a Villa del Parque, que ese año fue campeón del torneo de ascenso. En la Liga Necochea de Fútbol terminó atajando en Estación Quequén, teniendo casi 40 años.
Experiencia en Brasil
Con dinero ahorrado que tenían, tras haberse frustrado la participación en un triatlón, Francisco Trieftrunk y su amigo Jorge Moreno, decidieron gastar ese dinero viajando a Brasil, en principio por un mes. Llegaron a Río de Janeiro y luego se trasladaron a San Salvador de Bahía. Se quedaron tres meses más y volvieron a Necochea. “Pero nos aburrimos enseguida y volvimos a Brasil por otros dos meses. Después íbamos casi todos los años luego de cada temporada de verano. “La pasamos genial”, recordó con nostalgia.
Vocación
Francisco considera que, para ser guardavidas, por sobre todas las cosas, hay que tener vocación. “Muchos lo hacen para ganar dinero para seguir su carrera en invierno. Y no está mal que vengan a hacer la temporada con ese fin. Pero en mi caso he dejado trabajos muy lindos, muy bien pagos, porque cuando llegaba noviembre me decía: lo mío es la playa. Por eso no me comprometía con trabajos de todo el año, porque quería volver a la playa”, comentó sonriendo. Trieftrunk, sin dudas, es un guardavidas de alma, ya legendario.