El perfil, está vez, no pertenece a una sola persona. Es especial y dedicado a la mujer guardavidas, a esa persona que está atenta con su mirada al mar e interviene con compromiso y decisión, cada vez que la situación de emergencia lo requiere.
“Es un desafío constante de todas nosotras y una responsabilidad muy grande”, sintetizó Débora Díaz, una de las protagonistas de la entrevista, durante el dialogó con Ecos Diarios, donde expresó sus sensaciones.
“Nuestros ojos están dirigidos de forma permanente al mar, pero, a veces, los accidentes ocurren a espaldas nuestras y siempre estamos con mucha atención, ya que puede darse la descompensación de una persona, se pierden niños y existen otras situaciones en la playa”, reconoció.
La joven recordó que “desde muy pequeña, me gustaba el agua y comencé a nadar cuando recién contaba con 5 años, por eso, en algún momento me hice competidora federada”.
Acotó que “luego, empecé a estudiar el Profesorado de Educación Física y, paralelo a esa carrera, llevé a cabo el curso de Guardavidas y en el 2004, me recibí. Después, apareció la oportunidad de brindar clases de natación en el Gimnasio y Natatorio Palestra”.
Débora afirmó que “como guardavidas trabajé en pileta con Marcelo ‘Yuri’ Quaglia y después también en el complejo Terrazas, en el Camping Miguel Lillo y esta es la sexta temporada estival que estoy en la playa”.
La mujer se impone
“Me siento muy a gusto, reconozco que, históricamente, este ha sido un trabajo del ámbito masculino, pero erradicado con el paso de los años, somos más mujeres que estamos en llevando a cabo esta profesión”, contó Díaz en otro tramo de la charla.
Acotó que “cada vez, hay más mujeres ejerciendo este servicio y trabajan en distintos sectores de la costa atlántica bonaerense. Nos parece una medida correcta, ya que nos permite tener nuestro espacio que lo merecemos, como ocurre con otros rubros laborales”.
En la actualidad, serían alrededor de 14 mujeres guardavidas en la planta permanente del municipio, mientras que hay otro número que se desempeña en el sector privado, cumpliendo funciones en diferentes unidades turísticas de la costa necochense.
“El trato con el bañista es muy fluido, la gente, siempre nos pregunta sobre el estado del mar y toma sus recaudos, y la verdad es que, hasta el momento, no hemos tenido inconvenientes serios”, reconoció Débora Díaz.
La otra mirada
Por su parte, sumamos al perfil de guardavidas a Paula Bejino, quien lleva 20 años, aproximadamente, en la profesión. “Tuve un intermedio de tiempo por cuestiones de maternidad y me place estar al servicio de la gente”, enfatizó.
Añadió que “me encanta trabajar en equipo y actualmente, estoy en un sector bastante alejado del centro de los balnearios y en cada una de las intervenciones, lo hacemos en conjunto quienes estamos cubriendo el puesto en ese momento”.
Bejino consideró que “el vínculo con las personas es muy amable, la verdad, nos atienden muy bien y respetan las indicaciones que les brindamos a cada momento. Los locales saben de las condiciones del mar en muchos casos, pero el turista, no es tan conocedor de esa situación y nos consulta”.
Paula puntualizó que “en mi familia, hay antecedentes en esta profesión, ya que mis hermanas mayores, trabajaron como guardavidas y ahora he quedado solamente yo en la actividad”
Paula tiene dos hijos, a ambos les gusta la práctica del deporte de la natación, aunque no se inclinaron por ser guardavidas como su madre y las tías.