Con una nutrida participación de vecinos y vecinas, este lunes por la tarde se llevó a cabo una jornada de memoria, arte y reflexión en el Centro Cultural y Biblioteca Andrés Ferreyra, en el marco de una propuesta que buscó mantener viva la memoria colectiva a través de expresiones culturales.
La actividad, que comenzó a las 18, contó con la realización de una pintura comunitaria de pañuelos, en adhesión a la campaña nacional “Florecerán pañuelos”, una acción simbólica que invita a resignificar la memoria desde el arte. Además, los trabajos serán llevados en la próxima movilización del 24 de marzo.
Al mismo tiempo, la exposición puso en valor una selección de obras que fueron censuradas en distintos períodos, invitando a reflexionar sobre la importancia de la libertad de expresión y el acceso a la cultura.
Rosana Perroti, miembro de la comisión directiva del Centro Cultural explicó que la idea surgió partir del 50 aniversario del Golpe donde querían estar presentes como institución de alguna manera “juntamos muchos de los libros que estaban prohibidos en la biblioteca también hicimos un listado de canciones prohibidas que son las que se pasaron en la jornada de hoy y se van a seguir pasando en estos días y principalmente lo que nos mueve es el deseo de que no se repita”, expresó.
Y añadió: “Es importante sostener la memoria y acercarse a la verdad porque esto es un camino de construcción de muchos años”.
Por su parte, Mónica Martínez explicó que los libros que forman parte de la muestra pertenecen al fondo bibliográfico de la institución, por lo que, después de que la actividad termine, podrán ser retirados en préstamo para ser leídos por los socios.
“Cuando nos planteamos nuestra participación institucional en esta conmemoración, pensamos en que parte de todo este horror que se vivió nos sentimos más llamados como Centro Cultural y Biblioteca. Y llegamos a la conclusión de que lo nuestro son los libros. Ese fue el origen de pensar en esta muestra”, indicó Martínez.
Las organizadoras además indicaron que “había una intencionalidad en todo esto: los militares entendían que en los libros se transmitía una ideología y que la escuela y la cultura eran los canales para difundir lo que ellos llamaban subversivo”. Según explicaron, “la censura no fue arbitraria, sino parte de un plan que buscó homogeneizar el pensamiento, controlar y disciplinar a través del miedo”.
Perroti añadió a su mirada del contexto de la época “La represión, la tortura y la muerte, aunque todos no supiéramos que había centros clandestinos y la presencia de las fuerzas de seguridad permanentemente en la calle hacían que la gente se sintiera amedrentada. Y además saber que había libros que no se podían leer y por eso mucha gente llegó a enterrarlos, y hubo unas grandes quemas en Córdoba, acá, en el Centro Editor de América Latina en Buenos Aires”, relató.
Además de la jornada de hoy, las actividades continuarán el próximo jueves a las 18 con una intervención textil colectiva a cargo de bordadoras locales, en la que se elaborará un tapiz comunitario a partir de distintos aportes individuales.
“Decidimos que era mejor no hacerlo en la soledad de nuestra propia casa, sino juntarnos y compartir este momento de memoria”, concluyó Martínez.