La propuesta estuvo directamente vinculada con uno de los ejes de la exposición del Costume Institute, centrada en distintas representaciones del cuerpo. En este caso, el foco estuvo puesto en el envejecimiento, una temática poco explorada en la industria de la moda. “Tal vez como reflejo de nuestro miedo a tener que enfrentarnos a nuestra propia mortalidad, la industria de la moda orientada a la juventud ha ignorado tradicionalmente el cuerpo envejecido”, reza un texto del catálogo de la exposición.
El resultado fue un nivel de realismo extremo, con detalles que no pasaron desapercibidos, incluyendo sus manos envejecidas luciendo joyas de Cartier. La caracterización no solo sorprendió por su precisión, sino también por el concepto detrás de la elección estética.
En cuanto al vestuario, Bad Bunny optó por un esmoquin negro diseñado por él mismo en colaboración con Zara. El look se completó con un gran lazo en el cuello, inspirado en el traje “Bustle” de 1947 del icónico diseñador Charles James, pieza que forma parte de la colección permanente del Costume Institute.
No es la primera vez que el artista se roba todas las miradas en este evento. En ediciones anteriores ya había destacado con apuestas estéticas muy cuidadas, como su participación en la gala “Superfine: Tailoring Black Style”. Sin embargo, esta vez llevó su presencia a otro nivel, apostando por una transformación total que dejó a todos sin palabras.