Según contó, el diálogo con el conductor fue posterior al episodio y se dio en un clima de cierta serenidad, aunque atravesado por el impacto mediático. Sin embargo, dejó entrever que no compartió del todo la decisión que se tomó en torno a su continuidad en el proyecto.
La actriz dejó entrever una mirada más “contenedora” frente al conflicto, en contraste con la determinación de la conducción del canal, que buscó cerrar el tema con una resolución más tajante. En su relato, no hubo quiebre personal, pero sí una evidente disonancia de criterios.
En el entorno de Luzu TV, Nicolás Occhiato sostuvo su posición como responsable del proyecto y defendió la decisión tomada, argumentando que se trató de una medida necesaria ante la gravedad de la información difundida al aire.
El episodio dejó una especie de estela de “ruido interno” y lecturas cruzadas: por un lado, la necesidad de ordenar rápidamente la situación; por el otro, una visión más afectiva del manejo del conflicto. En el medio, una charla que existió, pero no terminó de alinear todas las miradas.