Las lluvias extraordinarias registradas desde fines de 2025 modificaron profundamente las condiciones de los suelos del distrito y obligan a replantear el manejo agronómico de los cultivos.
Así lo afirmó la ingeniera agrónoma Dolores Tiscornia, titular del laboratorio de análisis agrícolas “Calidad Total”, quien durante una entrevista en el programa "Ecos Agro" explicó que los excesos hídricos dejaron secuelas que todavía hoy pueden medirse y que hacen imprescindible realizar análisis antes de definir cualquier estrategia de fertilización.
"Los suelos han sufrido diferentes cambios por los anegamientos", resumió la profesional al describir el escenario que dejó un régimen de precipitaciones excepcional. Según explicó, una región acostumbrada a recibir entre 800 y 900 milímetros de lluvia al año pasó a acumular entre 1.600 y 1.800 milímetros, provocando alteraciones físicas, químicas y biológicas que afectan directamente el potencial productivo de los lotes.
“Calidad Total” funciona en Necochea desde hace más de tres décadas y desarrolla análisis de semillas, suelos y calidad comercial de cereales y oleaginosas.
La importancia de los análisis
La empresa comenzó sus actividades en la Sociedad Rural de Necochea y posteriormente trasladó sus instalaciones a calle 67, desde donde presta servicios a productores de toda la región. A lo largo de estos años también trabajó en plantas de acopio, realizando análisis directamente durante la descarga de camiones.
Esa trayectoria le permite hoy comparar la evolución de los suelos y advertir que el impacto de los anegamientos supera ampliamente el de una campaña normal. "Es muy importante hacer análisis de los suelos porque tenemos muchas pruebas de que han cambiado los diferentes parámetros", sostuvo.
Uno de los principales problemas es la pérdida de materia orgánica. Tiscornia explicó que la erosión hídrica arrastra la capa superficial del suelo, justamente donde se concentra este componente indispensable para mantener la estructura, la fertilidad y la actividad biológica. Además recordó que estudios desarrollados por el INTA Balcarce ya venían demostrando una disminución de entre el 30 y el 50 por ciento de la materia orgánica debido a décadas de monocultivo, reposición insuficiente de nutrientes y manejos poco conservacionistas.
A esa situación se suma el efecto del anegamiento sobre la actividad biológica. La escasez de oxígeno reduce el trabajo de los microorganismos responsables de transformar la materia orgánica y liberar nutrientes para los cultivos, disminuyendo así la capacidad natural del suelo para abastecer a las plantas.
Desde el punto de vista químico, la ingeniera explicó que los excesos de agua favorecen el lavado de elementos móviles como el nitrógeno y el azufre. Este último viene mostrando deficiencias crecientes en la región y hoy resulta tan importante como el nitrógeno al momento de planificar una fertilización eficiente, ya que ambos nutrientes trabajan en conjunto y la falta de azufre limita el aprovechamiento del nitrógeno aplicado.
Otro aspecto que preocupa es la compactación producida por el ingreso de maquinaria pesada o por la carga animal sobre campos saturados de agua. Esa condición dificulta el crecimiento de las raíces, reduce la infiltración y condiciona el desarrollo de los cultivos durante varias campañas.
“Saber desde dónde se parte”
Frente a ese panorama, Tiscornia insistió en que ninguna recomendación de fertilización debería realizarse sin conocer previamente el estado del lote. "Sabiendo desde dónde partimos es más consciente cómo tenemos que hacer para reponer y para seguir adelante y tener una rentabilidad en el cultivo", expresó.
En ese sentido destacó la importancia de los análisis de nitrógeno y de nitrógeno anaeróbico (NAN), una determinación que permite estimar cuánto nitrógeno aportará naturalmente el suelo durante el ciclo del cultivo. Esa información, sumada al nitrógeno ya presente en el lote, permite calcular con mayor precisión las dosis de fertilizante necesarias para alcanzar los rendimientos esperados sin realizar aplicaciones excesivas.
La especialista también hizo referencia a la calidad de las semillas. Respecto de la soja, indicó que todavía ingresó poco material al laboratorio porque la mayor parte de los productores conserva las muestras para analizarlas antes de la próxima siembra. Sin embargo, advirtió que las condiciones de cosecha, con elevados porcentajes de humedad, probablemente afecten la calidad del material destinado a semilla.
En cambio, los análisis efectuados sobre trigo y cebada ya permiten observar una situación particular. Si bien los poderes germinativos son elevados, muchas muestras presentan una importante carga de patógenos. Según explicó, numerosos productores eligen el “curasemillas” (protectores) sin conocer previamente qué enfermedades transporta la semilla, cuando lo recomendable es efectuar primero el análisis sanitario para seleccionar el tratamiento más adecuado y evitar la aparición de manchas y otras enfermedades desde las primeras etapas del cultivo.
Finalmente, Tiscornia valoró que este año se observa una mayor predisposición de los productores a utilizar herramientas de diagnóstico. "Este año hubo más conciencia. Hubo más respuesta del productor a hacer análisis y los que todavía no lo hicieron están a tiempo", concluyó.