lunes 06 de julio de 2026 - Edición Nº2770

Necochea | 6 jul 2026

"Freddy sigue vivo en cada acto que hacemos”

07:03 |Dijo Mónica Bouysedde, quien junto a su hija Lucía, dieron testimonio de los 20 años de lucha familiar tras el crimen de Alfredo Marcenac y la creación de la asociación civil


Por: Ecos Diarios

“Los disparos quebraron la risa”. La frase que aparece en el centro del monumento ubicado en la esquina de 58 y 63, es, tal vez, la mejor definición de la tragedia que desató un hombre alienado en la tarde del 6 de julio de 2006.

Alfredo MarcenacPablo Jagoe y Juan Pablo Arrate, tres jóvenes amigos de Necochea, caminaban esa tarde por la calle Cabildo al 1700, en el barrio de Belgrano, cuando alguien comenzó a disparar un arma contra los transeúntes.

Martín Ríos, un esquizofrénico (según la Justicia) con autorización para portar armas, luego conocido como el "tirador de Belgrano", hirió a los tres jóvenes necochenses y a otras cuatro personas. Alfredo, de sólo 18 años, no sobrevivió.

A 20 años del crimen, Mónica Bouysedde y Lucía Marcenac, madre y hermana de Alfredo, dialogaron con Ecos Diarios y explicaron como “Freddy” ha inspirado a la familia para seguir adelante y generar un movimiento a partir de la creación de la asociación civil que lucha por el desarme y la paz social.

"Freddy sigue vivo en cada acto que hacemos”, dijo Mónica, quien junto a su esposo Adrián, sus hijos y un grupo de ciudadanos de Necochea, crearon en octubre de 2006 la Asociación Civil Alfredo Marcenac.

Veinte años de lucha. Mónica Bouysedde y Lucía Marcenac recordaron a Freddy
Veinte años de lucha. Mónica Bouysedde y Lucía Marcenac recordaron a Freddy

Intervención y transformación

La familia transformó el dolor en una tarea sostenida durante dos décadas. Lo que comenzó como la búsqueda de respuestas frente a una muerte evitable derivó en un trabajo permanente para promover políticas de control de armas y construir espacios de educación para la paz.

"El motor de todo esto es el amor familiar. Lo que le da un mínimo tinte de humanidad a lo que es absolutamente inhumano, como un crimen o una muerte violenta, es justamente el amor de otros que se acercan, se conmueven y acompañan. Son 20 años de personas con las que hemos compartido un trabajo permanente y persistente", expresó Mónica.

Para Lucía, que era muy joven cuando asesinaron a su hermano, el camino fue comprendiendo que la única manera de continuar era intervenir sobre las causas que hicieron posible aquella tragedia.

"A todos nos marca la muerte de un hermano; sobre todo una muerte evitable, injusta y violenta. Pero pude entender que la forma de continuar tenía que ver con poder transformar esas condiciones sociales, culturales y políticas que hicieron posible que ocurriera la muerte de Freddy. Frente a eso, mis viejos me enseñaron un camino por dónde seguir", afirmó.

Esa convicción fue dando forma al trabajo de la Asociación Civil Alfredo Marcenac, primero poniendo el foco en las políticas públicas vinculadas al control de las armas de fuego y luego ampliando su mirada hacia la prevención de la violencia.

Diario Marcenac

Educación para la Paz

"La lucha de la Asociación siempre estuvo puesta en trabajar sobre las condiciones sociales y las políticas de control de armas de fuego. Luego entendimos que, si queríamos una sociedad que no deseara armarse, era necesario trabajar sobre las formas violentas de vincularnos. Allí surgió la Educación para la Paz, para pasar de la denuncia a la construcción de otras formas posibles de estar con otros", explicó Lucía.

En ese sentido, sostuvo que el desafío también pasa por cuestionar conductas naturalizadas.

"Se trata de desnaturalizar los comportamientos violentos y el uso de las armas. Podemos vivir de otra manera. Son formas aprendidas social y culturalmente, no son la única opción posible. Romper con eso cuesta, pero hemos avanzado en ese sentido", afirmó.

A partir del asesinato de Alfredo, la familia también se integró a la Red Argentina para el Desarme, desde donde impulsó distintas iniciativas legislativas. Entre ellas se destacó la creación del Programa Nacional de Entrega Voluntaria de Armas, establecido por la Ley 26.216 e implementado en julio de 2007.

El lanzamiento oficial se realizó en Necochea como homenaje a Alfredo Marcenac y permitió instalar en la agenda pública el debate sobre la presencia de armas de fuego en la sociedad civil.

Años más tarde, el trabajo conjunto entre organizaciones sociales y familiares de víctimas también impulsó la creación de la Agencia Nacional de Materiales Controlados (ANMaC), mediante la Ley 27.192 de 2015, organismo que reemplazó al antiguo Registro Nacional de Armas (Renar) con funciones orientadas no sólo al control y fiscalización, sino también a la prevención de la violencia armada.

Mónica recordó especialmente el aporte de su esposo Adrián Marcenac, fallecido en 2024, quien dedicó buena parte de esos años a estudiar el fenómeno desde una perspectiva técnica.

"Adrián fue quien miró más profundamente la problemática técnica de las armas. Era muy lúcido para analizar estadísticas y construir datos reales, porque a veces nos manejamos solo con supuestos. Él relacionaba, por ejemplo, los niveles de corrupción con la cantidad de muertes por armas de fuego; las políticas suelen acomodarse a los intereses de los 'mercaderes de la muerte', ya que las armas son un gran negocio económico", señaló.

Según explicó, ese trabajo también incluyó recorridas por distintas ciudades del país para promover el desarme voluntario y aportar a la construcción de nuevas herramientas institucionales.

"Junto a la Red Argentina para el Desarme, Adrián logró que se promovieran leyes muy importantes, como el Programa de Entrega Voluntaria de Armas. Él visitó 35 ciudades del país para sensibilizar a la gente. También contribuyó a la creación de la ANMaC en 2015, que tenía una función de prevención y de desalentar el uso de armas, algo que lamentablemente este gobierno ha desarmado para volver a un esquema de mera registración".

 

Momentos de preocupación

En referencia a las políticas actuales, Lucía y Mónica manifestaron su preocupación por el cambio de enfoque impulsado desde el Gobierno nacional, que en 2025 dispuso mediante el Decreto 445 la transformación de la ANMaC nuevamente en el Registro Nacional de Armas (Renar), eliminando además el Fondo de Promoción de las Políticas de Prevención de la Violencia Armada.

"Se cumplen 20 años del asesinato de Alfredo en un contexto muy particular. Lo primero que te viene a la mente es el deseo desesperante de que esto no vuelva a pasar. Sin embargo, hoy las ideas que circulan desde los ámbitos políticos transmiten un mensaje a favor del uso de las armas. Como familia lo vivimos de manera muy dolorosa porque sabemos que son situaciones evitables", señaló Lucía.

Mónica coincidió en advertir sobre ese escenario: "En la Argentina, las armas todavía están muy invisibilizadas o naturalizadas, a pesar de que mueren ocho personas por día por armas de fuego. Un alto porcentaje de esas muertes se producen por conflictos interpersonales y no por asaltos. Tenemos una forma de responder a los conflictos de manera violenta y, cuando hay un arma de por medio, la solución es letal".

Y agregó: "Es terrible que hoy se sostenga políticamente que el que quiera estar armado, que ande armado, y que se baje la edad de acceso legal a las armas a los 18 años. ¿Qué tipo de sociedad estamos pensando? No obstante, las encuestas de opinión arrojan que la mayoría de la población no está de acuerdo con la libre portación. Eso deja un lugar para la esperanza y para seguir dando pelea".

"Freddy sigue vivo en cada acto que hacemos. Con él están todas las víctimas de este país que han muerto por la violencia con armas de fuego. Nosotros tomamos conciencia de esta problemática a partir de la muerte de nuestro hijo. Da rabia y ganas de hacer algo para que esta pérdida de vidas sea evitable, porque los problemas podrían resolverse sin daños letales", concluyó./

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