viernes 31 de julio de 2026 - Edición Nº2795

Necochea | 31 jul 2026

A 82 años de un gesto que unió a Necochea con la historia vasca: el retoño del Árbol de Guernica

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En un nuevo repaso por las efemérides locales, el área de Museos del Parque Miguel Lillo recordó este 31 de julio una fecha cargada de simbolismo para la comunidad vasca y para la historia de Necochea: la plantación del retoño del histórico Árbol de Guernica en la Plaza Dardo Rocha, acontecimiento ocurrido exactamente un día como hoy de 1944. El hecho se da en el marco de la festividad de San Ignacio de Loyola, que los vascos conmemoran cada 31 de julio.

La presencia de este retoño en el corazón de la ciudad representa mucho más que un homenaje. Se trata de un símbolo del profundo vínculo entre Necochea y la colectividad vasca, cuyo aporte fue determinante en el crecimiento social, cultural y económico del distrito.

Los primeros pasos de esa comunidad organizada se remontan a 1913, cuando se fundó la Sociedad de Beneficencia y Socorros Mutuos Euzkadi, presidida por Tomás Bilbao Elorriaga. Aunque aquella institución tuvo una existencia breve, los inmigrantes y sus descendientes continuaron reuniéndose cada año para celebrar la festividad de San Ignacio, compartiendo encuentros en el desaparecido Hotel España, propiedad de las familias Zubillaga y Zubigaray.

Con el paso de los años nació la Sociedad Cultural San Ignacio de Loyola, antecedente directo del actual Centro Vasco Euzko Etxea, institución creada el 15 de abril de 1945 y que desde entonces mantiene vivas las tradiciones, la cultura y la identidad del pueblo vasco en Necochea.

Un árbol cargado de historia

El 31 de julio de 1944, apenas siete años después del bombardeo de Guernica durante la Guerra Civil Española, la colectividad vasca local decidió plantar en la Plaza Dardo Rocha un retoño del emblemático Árbol de Guernica.

El árbol original, ubicado en la localidad de Gernika-Lumo, es uno de los mayores símbolos del pueblo vasco. Bajo su copa, durante siglos, los señores de Vizcaya y posteriormente los gobernantes juraban respetar los fueros y las libertades del territorio, convirtiéndolo en un emblema de la democracia, la identidad y la resistencia de esa comunidad.

La plantación del retoño en Necochea constituyó un gesto de memoria y esperanza, reafirmando los lazos de la ciudad con una colectividad que encontró en estas tierras un lugar para desarrollarse sin perder sus raíces.

A más de ocho décadas de aquel acontecimiento, el retoño del Árbol de Guernica continúa siendo un testimonio vivo de la historia compartida entre Necochea y la comunidad vasca, además de un recordatorio permanente del valor de la memoria, la libertad y la preservación de las tradiciones.

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