sábado 01 de octubre de 2022 - Edición Nº1396

Argentina | 23 sep 2022

Espectáculos

A los 97 años, murió el actor y animador infantil Carlitos Balá

Había sido internado anoche en el Sanatorio Güemes en observación, para realizarle una batería de estudios, luego de sufrir una descompensación. Sus ocurrencias forman parte de la memoria colectiva de millones de argentinos y vivirán en el recuerdo.


A los 97 años de edad, esta mañana murió el actor y humorista Carlitos Balá, quien había sido internado anoche en el Sanatorio Güemes en observación y para realizarle una batería de estudios, luego de sufrir una descompensación.

A las pocas horas su estado se agravó y finalmente falleció, según confirmó su nieta Laura Gelfi a un portal de espectáculos: "Estamos devastados, pero unidos. Así se fue él, con la familia unida y mucho amor", dijo con tristeza la joven sobre la partida de su abuelo.

Carlos Salim Balaá Boglich nació en Buenos Aires el 13 de agosto de 1925. Más conocido como Carlitos Balá, fue un humorista, actor, músico y presentador, con más de medio siglo de trayectoria artística, en su mayoría dedicada al show infantil.  

El "Show de Carlitos Balá" forma parte de la memoria colectiva de millones de argentinos, pero sus comienzos fueron en la radio y, poco tiempo después, apareció en televisión en La revista dislocada, junto a Délfor Dicásolo.

Entre sus datos de calor, formó parte del trío Balá, Marchesini y Locatti; y en 2016, a los 91 años, visitó al papa Francisco en la Ciudad del Vaticano y fue declarado en Roma "Embajador de la Paz", un reconocimiento otorgado por la Red Voz por la Paz. 

Su frase más famosa, la que "se viralizó" en tiempos donde no había redes sociales fue: "¿Qué gusto tiene la sal?" Esa a la que todos los chicos respondían al unísono: ¡¡¡Salaaaado!!! Esa y muchas más están incluidas en el libro "Aquí llegó Balá: la fabulósica vida de Carlitos", donde se cuenta su vida, infancia, juventud y su consagración como artista popular.

El animador infantil también inventó el "chupetómetro", un recipiente cilíndrico de dos metros de largo donde cientos de chicos depositaban sus chupetes. "Nunca los conté, ojalá lo hubiera hecho, porque hubiera entrado en el Guinness. Dos, tres millones, qué sé yo", dijo sobre la cantidad de niños que dejaron su chupete allí.

“Yo pude haber sido multimillonario si hubiese sido como Carlos Rottemberg o Adrián Suar, que son ambiciosos. Pero sigo trabajando porque me encanta y para vivir también... Lo poco que tengo lo hice por mis propios medios. Si tuviera mucha guita haría obras de bien. Tendría una fundación y lo primero sería que nadie tuviera que salir del país para hacer un trasplante”, confesó en los años 90.

Coqueto, reservado, metódico con su salud y de bajísimo perfil fuera de sus apariciones televisivas, siempre se enorgullecía del matrimonio “de toda la vida” con su esposa Martha, a la que conoció muy joven en una fiesta, y con quien tuvo dos hijos, Martín y Laura. Los chicos siempre fueron su debilidad y nada disfrutaba más que verlos cuando lanzaba un chiste o un gesto con su sello. “Angueto va a ser para toda la vida -dijo una vez-. Siempre va a estar el asombro de ver un perro invisible”.

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